martes, 12 de mayo de 2015

Ejercicios de Narrativa Subi-du-du-a. Palabra exterior

Buenas noches, hamijos y hamijas.

Hoy he tenido un poco mas tiempo del que pensaba, así que me he puesto con un ejercicio que me ha agradado mas que los últimos: La palabra exterior y las voces de los narradores. Como de costumbre, el tema dispuesto sobre el que trabajar no es el que más me emociona, pero esto me viene bien.

Por un lado, me ayuda para acosumbrarme a escibir cuando no este "Raptado por la musa". Por otro, y no menos importante, me obliga a coger un hecho que no me acaba de llamar la atención y trabajar con él para que, ya sea por la presentacion o los detalles, se convierta en algo que .aya más con mis gustos.

Sin molestaros más, os presento el ejercicio. Ya me direis que os parece.

Palabra exterior

1. Escribir la siguiente anécdota en voz de tres narradores distintos: "El el autobús S, a una hora punta. Un tipo de unos 26 años, sombrero de fieltro con cordón en lugar de cinta, cuello muy largo, como si se lo hubiesen estirado. La gente baja. el tipo en cuestión se enfada con un vecino. Le reprocha que lo empuje cada vez que pasa alguien. Tono llorón que se las da de duri, al ver un sitio libre, se precipita sobre él".

A) Una persona culta, pretenciosa y grandilocuente.


Esta es la última vez que voy en el bus, lo juro.

Hoy, al medio día, me he encontrado sin suelto y con el cajero estropeado. Según miraba en el Iphone donde había otro, he visto venir el bus de la línea "S", esa tan nueva que inauguraron hace medio año, y me he dicho "¿por qué no, Ignacio?, el transporte público ha mejorado mucho". ¡Error!

A los cinco minutos estaba atrapado en una lata de sardinas, sumergido en la multitud; nunca he entendido tanto lo de "olor a humanidad". Cada vez que el conductor -bastante brusco, por cierto- hacia una parada el rebaño de pasajeros se agitaba histérico, arrastrándome arriba y abajo.

En una de estas he dado en chocar con un joven un tanto extraño: estirado, mal vestido y pretendiendo llamar la atención con un estúpido sombrero. Cuando el barullo de gente se ha parado me he quedado mirándole, esperando una disculpa, pero en su lugar ha tenido la desfachatez de soltarme una reprimenda absurda sobre el civismo.

Yo he aguantado el envite entre sorprendido y enojado, formándome ya en la cabeza una réplica con la que cerrarle la boca. Pero ni siquiera había terminado con su propia diatriba cuando lo he visto escabullirse por mi lado, fintando ancianas y tullidos, y lanzarse sobre un pequeño asiento libre como un tigre famélico sobre su presa.

Luego, el joven ha hecho oídos sordos a las protestas encolerizadas de la muchedumbre... ¡pues ahora era su civismo el puesto en entredicho!. Pero el espectáculo me ha durado poco: casi al momento  hemos llegado a otra parada y el instinto borreguil ha ahogado las protestas con la ciega ansiedad de subir y bajar.

Yo, por supuesto, he aprovechado para bajarme allí. Prefiero soportar mil veces un paseo un paseo bajo el agobiante sol de Junio que un solo minuto en aquella olla de patetismo resignado e hipócrita.


B) Un pasota (NOTA: He buscado mucho para comprender lo que es un pasota, según el autor del libro que estoy siguiendo. Al parecer hace referencia al "lenguaje cheli", por lo que he decidido usar un lenguaje coloquial, alejado del cheli, pero cercano a mi ambiente).


Menudo día de mierda. Después de una mañana, que se me ha hecho eterna, aguantando al payaso de mi jefe, me ha tocado cascarme tres transbordos para cruzar la ciudad, y todo para que la gente  me diera plantón al final. Al menos en el bus he tenido espectáculo. 

En la parada antes de la universidad se ha subido un pavo bastante friki. Era mogollón de alto y con el cuello estirado, como los pajaros esos que meten la cabeza en la tierra, y para rematar llevaba sombrero. Y no uno de esos que se llevan ahora, que ya habría sido bastante raro, sino uno así como de mafioso americano pero con cuerdecita en lugar de lazo. Vamos, que tenía unas pintas acojonantes.

Le he mirado al subir y tal, pero luego he pasado bastante y me he puesto a escuchar música. El follón de verdad ha empezado cuando ha subido todo el mogollón de la universidad. Íbamos por el paseo de la ribera, llenos hasta el culo, y de repente veo a un tío emperifollado abrirse paso entre la gente. Le habrá pasado al del sombrero como a un metro, pero de repente el friki se le ha puesto a gritar como si le estuvieran matando.

Que sí que poca vergüenza, que sí que se había pensado el otro. Joder, parecía que se lo hubiera aprendido de memoria y fuera por ahí con ganas de chillárselo a alguien. A todo esto, el otro tio se iba poniendo rojo como un pimiento, pero no soltaba ni prenda. Y de repente, el friki se calla, agacha la cabeza y echa a correr por mitad del bus. ¡En serio! ¡A pocas mata un par de viejas a empujones!

Y al final se tira a peso mierda sobre un asiento de los de embarazadas. No se ni como lo había visto. La gente a pocas lo mata, en serio. Le han comenzado a llamar de todo y el tío se ha limitado a mirar por la ventanilla como si la cosa no fuera con él. Y el pavo arreglado, bueno, a ese le cabía un pan por la boca: ha pillado tal cabreo que se ha bajado en la siguiente parada.


C) Un filósofo 
Hoy ha sido un día increíble.

He podido asistir, en tan solo un momento, al crisol de emociones del alma humana. He podido ver, tras el frágil nacarado de la civilización, la carne nervuda y palpitante del hombre primitivo.

Marchaba yo esta tarde en el autobús cuando de repente escuche ante mi gran algarabía. Me enderecé para ver por encima de las cabezas de la multitud, que se extendía por el vehículo como un océano de humanidad. Más allá la muchedumbre se abría, mostrándome dos campeones enfrentados.

De un lado, se erguía un orgulloso caballero. Alto, moreno, bien vestido: la vida le había sonreído y le enviaba como representante de los afortunados y queridos. Era sin duda el adalid de todos aquellos que justificaban sus actos mostrando lo brillante de sus ganancias.

Y a este se le enfrentaba el héroe más singular que jamás he visto. Famélico y estirado, su cuerpo se combaba y sacudía con cada palabra, como si se mostrase incapaz de contener la energía de su discurso. El cuerpecillo de este extraño daemon lo remataba un fino y largo cuello, que apenas le daba para sostener un sombrero con el que se ataviaba, diferenciándose así de la desnuda multitud de cabezas.

El joven, revestido durante un instante del espíritu del mundo, recriminaba al caballero las afrentas causadas: su indiferencia ante el dolor ajeno, su desmedida ambición y su ciega sed de prosperidad con la que ahogaba a sus coetáneos. El enemigo arquetípico, sabiéndose vencido, callaba como un miserable, limitándose a lanzar una enojada y mortal mirada al osado combatiente.

Pero -¡oh, hados del destino!-, en un segundo la gracia abandonó al muchacho, que se zambulló entre la maraña humana hasta. Todos le seguimos extrañados con los ojos hasta que vimos a donde se dirigía: a ocupar el último asiento libre en el atestado vehículo, adelantándose así a los necesitados que pudieran reclamarlo.

La multitud, sintiéndose traicionada, le increpó duramente como a un Bruto cualquiera, mientras el caballero aprovechaba para escabullirse fuera del autobús.


Durante un instante vi la gloria y el enfrentamiento. Durante un instante confié en los héroes que produce la humanidad, para asistir justo después a la caída que se produce cuando la gente ataca a los aprovechados porque envidia sus posesiones, y no porque estos hayan traicionado a su propio pueblo.

Triste. Heroico. Inspirador. Debo ir más días en bus. 

EJEMPLO PARA COMPARAR: Raymond Queneau. Ejercicios de estilo (capítulos extraidos).

Opinión: Me gusta lo que he hecho. "Ejercicios de estilo" plantea unos capñitulos muy axtremos, algunos se me hacen incluso arduos de leer y un pelín aburridos. ¡Y lo que no le perdono a un libro es que me aburra!

¿Y mis relatos que os han parecido?¿Os han gustado?¿Creeis que tienen que ver con lo pedido?¡Comentadme!

viernes, 8 de mayo de 2015

Ejercicios de Narrativa Subi-du-du-a. Palabra interior

¡Buenos días a todo el mundo!

Hoy ostra higo mi cuarto ejercicio: la palabra interior. Tras un nombre que sugiere libros de autoayuda misticoides se esconden todas las formas de monólogo de los personajes: el soliloquio, el diálogo interior y el fljo de pensamiento. ¿A que parece que se algo? Pues no. No se una mierda. Sólo lo he leido en un libro, pero me parece importante decíroslo antes que leais mi ejercicio y podais juzgarlo.

El de esta semana ha sido un ejercicio sencillo y corto, aunque me ha costado meterme lo suficiente en el protagonista para poder escribirlo desde su punto de vista (y que este me resultara algo interesante).

¡Ya comentareis que os parece!

PALABRA INTERIOR

1. Escribir entre 20 y 40 líneas el siguiente monólogo interior: "Dirigiéndose imaginariamente a su marido muerto, la viuda, mujer convencional y estrecha de miras, le reprocha que nunca le hiciera una declaración de amor como Dios manda".


Cariño, eres un imbécil. ERAS un imbécil. Y de los gordos. Y lo que más me molesta es que nunca entendiste el por qué. Creo que te fuiste a la tumba pensando que yo no estaba de acuerdo con lo que hacías.

Si te soy sincera, nunca entendí nada de todos aquellos inventos, de aquellos planes en el taller... ¡pero tonta no soy! ¿Crees que no me daba cuenta de lo importante que eras cuando venían a casa todos aquellos del ejército? ¿De verdad pensaste que no estaba orgullosa?

No, cariño mío. Mi imbécil. No es eso lo que me hacía torcer el morro. El problema era que nos veías a todos como a tus condenadas maquinas. A veces creo que pensabas que dentro de nuestras cabezas había engranajes y tubos de vacío, que todos respondíamos a tu hermosa lógica que ninguno entendíamos.

¿Y sabes cuál es la espinita? La servilleta. Me hizo ilusión, desde luego. ¿Acaso la habría guardado cincuenta años si no? Pero una joven sureña, la noche que le piden matrimonio, espera flores, vino, poemas tras la cena, una luna en el cielo claro y un anillo en una caja. Pero claro, tu no podías hacer eso.

Tú me dibujaste nuestro futuro en la puñetera servilleta. Me dibujaste la casa donde acabamos viviendo, los niños que nunca tuvimos, los regalos que me acabaste construyendo y las maravillas que traerias a nuestra vida.

Recuerdo que me dejaste sin palabras y que aprovechaste para robarme un beso. Luego, cuando lo contabas a nuestras amistades ¡sonaba tan romántico!. ¿Cómo les iba a decir entonces que lo que realmente queria era romperte esa servilleta en la cara? Con el tiempo cumpliste casi todo lo prometido, ¡llenaste mi vida!, pero en ese momento te habría perseguido a bofetadas por todo el jardín.

Y luego aprendí a quererte. Acabé apreciando que no supieras entender del todo al resto, ¡eso te hacía tan inocente!. Me acostumbré a que me confundieras con tus máquinas y a que me hablaras durante horas de asuntos que nunca entendía.


Pero ahora, que ya no estás, la única duda que me corroe es si tú aprendiste a quererme. Si alguna te arrepentiste de no habérmelo pedido de otra manera, aunque fuera un poquito. Espero que sí, que en algún momento te dieras cuenta de que yo, aparte de vapor y gloria, también quería poemas y cenas románticas y ramos de rosas.

De verdad cariño, espero que al final te dieras cuenta, porque si no me sentiría un poco idiota trayéndote flores a la tumba.
EJEMPLO PARA COMPARAR: Miguel Delibes. Cinco horas con Mario. Capítulo XI.
Opinión: Me parece que el texto de Delibes no sigue muy al pie de la letra lo pedido en el ejercicio, pero mola igualmente. Se centra en el tema y expresa mucho de la percepción del personaje, aunque sin dar demasiados vistazos a su vida. Quizas me ha parecido un poco "soso" en comparación a lo que suelo leer. En definifiva: no veo mi texto tan por detrás como en otros casos. ¿Eso es que mejoro o que voy perdiendo perspectiva? Seguramente lo segundo...

domingo, 3 de mayo de 2015

Ejercicios de Narrativa Subi-du-du-a. Retratando personajes por sus actos

¡Buenos días a todo el mundo!

Hoy os traigo amor y mi tercer ejercicio de narrativa. Este en particular me ha ayudado por dos puntos importantes: el ejercicio propiamente dicho y la ruptura de bloqueos.

He tardado varis días en poder sacar el ejercicio y me he sorprendido a mi mismo evitando ponerme a escribir. Las pocas veces que lo hacía me quedaba un buen rato divagando sin llegar a hacer nada. Un bloqueo, vamos.

Nadie se bloquea a si mismo porque sí. El bloqueo suele surgir del miedo a no hacer algo bueno, de no crear nada en condiciones, de perder el tiempo en algo que no merece la pena. ¿Como se rompe un bloqueo? Escribiendo, no queda otra. Forzándote a escribir aunque sea mierda pura lo que salga., hasta que recuperes el ritmo de la historia.

Y así pude sacar el ejercicio. ¿Será decente o será mierda pura? Decidid vosotros mismos:

PERSONAJES RETRATADOS POR SUS ACTOS

1. Imaginar como se compora un señor como de cuarenta años, saludable y mofletudo. Este vivía en un pueblo de los inmediatos a Zaragoza (sic), de donde nunca había salido sino a la capital de su provincia hasta que, con ocasión de ciertos negocios propios del Ayuntamiento de que formaba parte, había estado últimamente en la corte como cosa de un mes.

Se encuentra en el tren de regreso a su tierra, en un un compartimento en el que viajan también un turista ingles y dos señoras. su comportamiento le retrata como un hombre insignificante, expansivo y que pretende ser chistoso.

Tras media hora mareando al revisor, Tomás por fin llegó a su vagón (que estaba donde el revisor le había dicho desde el primer momento). Casi sin mirarlos, saludó a los presentes con un sonoro “buenos días” y pasó los siguientes quince minutos colocando todo su equipaje –maleta de cartón, cesta y nosecuantas bolsas de regalos- en el portaequipajes.

El pobre hombre que había de sentarse a su lado, un turista ingles que intentaba leer infructuosamente el periódico, a punto estuvo de ser aplastado por los bultos cuando el caos de equipaje se cayó en un par de ocasiones. Al final, el propio inglés acabó ayudando a Tomas atando las bolsas para poder volver a su tranquila lectura cuanto antes.

Al acabar, Tomás rio ufano y, con los brazos en jarras, se presentó en condiciones a sus compañeros de vagón: el infeliz inglés y un par de damas que habían presenciado atónitas el extraño número circense con las maletas. Finalmente, se dejó caer en su asiendo y la tranquilidad volvió al compartimento.


Pero la tranquilidad no parecía ir con el hombrecillo. No habían transcurrido ni cinco minutos de silencio cuando comenzó a preguntar a las damas si habían subido en Madrid, como él, y qué les había parecido la villa y corte.


Las damas procuraron ser escuetas y comedidas para zanjar pronto la conversación. Craso error: ante el silencio de las damas Tomás comenzó un gran monólogo sobre lo impresionante que le habían parecido los jardines, calles, plazas y palacios; lo salpicaba todo de pequeñas anécdotas y chascarrillos con las gentes de Madrid, todos tan extraños que no se distinguían si eran exageraciones o chistes mal contados.


Cuando por fin pareció habérsele acabado la saliva, quiso fijarse en el periódico del inglés –en perfecto idioma británico- y comenzó a leer, extrañado y a media voz, los titulares. Tras un rato mirando pensativo al caballero, al fin le preguntó (en el mismo tono acelerado en el que lo decía todo) si era inglés, qué le había traído hasta España, qué le estaba pareciendo su viaje y si había pensado en pasar por Zaragoza. El inglés le miró aturdido.


A punto estuvo Tomás de repetirlo todo de nuevo cuando una de las damas le señaló que el caballero no hablaba muy bien el idioma, aconsejándole hablar un poco más lento. El hombrecillo asintió sonriente y le espetó de nuevo al inglés toda la retahíla, más rápida que antes si cabe, pero en un tono tan alto que atronó el vagón e hizo que el revisor pasase a llamarle la atención.


Tras deshacerse en disculpas, el hombre quiso resarcirse con sus compañeros y, aun a riesgo de desmoronar el equipaje sepultando al inglés, sacó un porrón de la cesta e invitó a beber a sus compañeros, sin aceptar una negativa por respuesta. Según les dijo, eran los primeros en probar las mistelas que su pueblo iba a exportar a la capital al siguiente año: “si todas las negociaciones iban bien, claro -matizó-, que con estos señoritos de la corte nunca se sabe”. 


EJEMPLO PARA COMPARAR: Gustavo Adolfo Bécquer. Cartas desde mi celda. Capítulo I.
Opinión: Fíjate que no he acabado a disgusto con el resultado. Evidentemente, Bécquer es Bécquer y el extracto esta muy bien, pero el estilo que usa no me acaba de convencer: lo narra como testigo en primera persona, con un vocabulario exquisito y con bastante acritud para el sujeto.

Mi estilo sigue siendo algo atropellado y mi narración ha sido desde una tercera persona omniscente (me he ido a lo fácil), pero creo que los he aprovechado para una escena más propia de  Paco Martinez Soria que de Bécquer. Me gusta.

¿Y a vosotros?

martes, 28 de abril de 2015

Ejercicios de Narrativa Subi-du-du-a. Descripciones INdirectas

¡Buenos dias a todo el mundo!

Hoy me toca el segundo ejercicio de narrativa. Las descripciones indirectas. estas son aquellas en las que se describe al perosnaje mediante un aspecto de el, muchas veces filtrado por la percepción del narrador.

Son las mas usadas en la literatura moderna, que se centra mucho mas en las impresiones, y me parecen mas entretenidas. A ver que tal me va.

DESCRIPCIONES INDIRECTAS

1. Hacer una descripción indirecta, en 10-20 lineas, de una mujer burguesa, antigua alumna de un colegio de monjas, por su voz.

Escuché la voz de La Falque desde las escaleras, su sonido, profundo y claro, se oía por todo la planta baja. Aunque no entendí lo que decía, supuse que estaba contando alguna anécdota que le había sucedido en la capital, pues siempre usaba ese todo solemne, como quien declama poesía, para que nadie se atreviese a interrumpirla.

No entré inmediatamente en el saloncito de té, sino que me quedé escuchando escondido entre las cortinillas. La dama proseguía hablando de su viaje por la villa con palabras tan bellas y elocuentes  que mis primas escuchaban embobadas como si les hablase de Paris en primavera o Venecia en Carnaval.


Y no me extrañaba. Yo mismo había acabado enamorado de la voz de La Falque. Cruzar dos palabras con ella bastaba para transformar a nuestra simpática y regordeta vecina en una impresionante dama de corte, sacada de alguna ópera.


Cuando era más pequeño, durante las largas ausencias de mis padres, ella cruzaba muchos días a nuestra casa para cuidarme y leerme los libros que ella leyó a mi edad en el internado. La verdad es que de niño nunca tuve mucho interés en aquellas obras -El sí de las niñas, La Regenta...- pero era tal la pasión con la que leía que me pasaba las horas muertas escuchándola.



EJEMPLO PARA COMPARAR: Esther Tusquets. El mismo mar de todos los veranos. Página 36.


Opinión: La autora cumple muchísimo mas que yo con lo marcado. Se basa únicamente en la voz para retratar al personaje, sobreentendiendo la educación en el colegio de monjas por el estilo ligeramente pedante de quien habla. Mejor que yo, desde luego, pero me gusta más la mía en este caso.



2. Hacer una descripción indirecta, en 10-20 lineas,de una mujer bella, enfermiza, muy religiosa, por sus manos.

La recuperación fue lenta y dolorosa. De aquellos días -en los que aún no sabía si recuperaría la vista- recuerdo la angustia, no tanto de verme sumido en las tinieblas, sino de la soledad que llegué a sentir en aquel pabellón lleno de heridos.

Normalmente, un médico nos visitaba dos veces al día y murmuraba a sus compañeros nuestro estado. Las enfermeras eran las que más se preocupaban por nosotros, inyectando morfina y medicinas, cambiando vendajes y, cuando las había, poniéndonos sábanas limpias.


Uno de estos días apareció mi ángel. Lo noté cuando, al cambiarme las vendas de la cabeza  sentí, rozándome la piel, un tacto grácil y cuidadoso en lugar del fuerte y cansado al que nos habituaban las enfermeras.


Sus dedos, suaves y frescos, bailaban sobre mis heridas aliviando el dolor mejor que la morfina. En ocasiones los notaba detenerse curiosos ante una cicatriz, o posarse piadosos sobre un vendaje recién puesto.


Di gracias al cielo cuando la muchacha volvió los siguientes días. Supuse que sería una de las jóvenes voluntarias de la cruz roja e intenté chapurrear un par de palabras en italiano, pero no obtuve más respuesta que una caricia en los labios y un suave chistido.


Aunque no distinguía el día de la noche, las visitas de la joven se convirtieron en mi orden de vida. El alba llegaba con su tacto y la noche caía cuando la oía alejarse por el pabellón.


Cuando al fin pude mover los brazos, aproveché un momento en el que me estaba lavando el torso para acariciarle las manos. Se asustó y dio un pequeño respingo, pero al fin rio –¡una risa clara, tan alejada de aquella guerra!- y entrelazó sus manos con las mías, comprendiendo que era mi única forma de verla.

Su piel era fina y delicada, marcándose cada pequeña vena por debajo. En los nudillos se notaban las marcas de los sabañones que este maldito desierto le había dejado. Aunque note su tacto grácil, se percibía el pulso decidido de una mujer habituada a luchar con la enfermedad, quizás enfermera, quizás enferma, quizás ambas.


Ella me soltó riendo en su idioma que, aunque no comprendí, me sonó suave y cantarín. Con el gesto debí caerle en gracia, porque desde entonces me visitó más a menudo. Incluso una vez me despertó su suave murmullo junto a mi catre. Tanteé la oscuridad, buscándola a mi lado, y encontré sus manitas juntas, pasando las cuentas de un pequeño rosario.


Ese día decidí que, si salía vivo de allí, me habría de casar con la muchacha de las manos de seda.


EJEMPLO PARA COMPARAR: Ramón del Valle-Inclán. <>. Jardín Umbrío.

Opinión: ¿Sutil?¿Has dicho sutil? Yo no, desde luego. Igual que en el ejercicio anterior, parezco incapaz de describir un personaje sin hacer un zoom salvaje ni empezar a contar nada.

Ramón del Valle-Inclán retrata una mujer en dos o tres detalles, no sólo describiendo las manos (una tullida y la otra delicada), sino que tambien usa gestos (caricias, la señal de la cruz) y referencias (torso de madonna) para generar un ambiente propio. Y lo hace sin cansar ni nada.

OPINION FINAL: Sigo lejos, muy lejos. Sin embargo comienzo a percibir que mi estilo es bastante atropellado. No se si eso es necesariamente malo, pero debería ser capaz de dominarlo para evitar entrar en una narración demasiado desordenada.

No obstante, estoy agradeciendo estos ejercicios. Tanto por obligarme a escribir como por exigirme inventar las situaciones. no se si mejoraré mucho, pero estoy notandome menos oxidado día a día.

viernes, 24 de abril de 2015

Ejercicios de Narrativa Subi-du-du-a. Descripciones directas.

Como algunos sabreis, hace unos días gané el XIV concurso de relatos de Torrero con "Lavando Bragas". No os lo pongo aqui porque el concurso exige que ellos tengan los derechos de propiedad y uso de la obra durante tres años, lo siento, pero casi seguro que ellos sacan algun recopilatorio con lo presentado.

El caso es que me ha animado bastante, y me he decidido a trabajar un poco mas el escribir. Leo bastante mas (aún estoy lejos de las "tres horas al dia" a las que invita King, el curro se come bastante), y voy trabajando mi narrativa.

Precisamente por esto último, voy haciendo ejercicios que me van planteando distintas situaciones que narrar, y os los cuelgo aqui para que me podais dar opiniones, tomatazos y "sincos de taringa, grasias de hantebraso".

Todos ellos se componen de un enunciado -lo que tengo que narrar-, un ejemplo -de un autor famoso que hizo eso mismo- y una obresvacion directa mía lloriqueando cuan Rodolfo sobre el piano de los teleñecos.

Aqui va el primero


DESCRIPCIONES DIRECTAS


1. Hacer una descripción directa (de 15 a 25 líneas) de un hombre guapo, egoísta y vanidoso, viudo y padre de cinco hijos.

Todas las mujeres en el pueblo suspiraban por las atenciones del barón De Fill. Era este un hombre alto, apuesto y bien formado que no peinaba todavía ninguna cana en su cabello negro y sedoso.

Se mantenía en forma a base de continuas partidas de caza en las que a veces pasaba días enteros, pues para él era impensable volver a casa si no era con espléndidas piezas de las que presumir. A pesar de esto no tenía las manos encallecidas, como las de otros cazadores, y nunca se le veía tan sucio de barro como sus compañeros.

Solía frecuentar todas las fiestas de sociedad en las villas cercanas,  donde siempre rondaba a las jóvenes de buen ver y a las herederas viudas. Él mismo había enviudado ya dos veces de mujeres importantes, heredando de ambas tierras, títulos, fortunas y cinco hijos.

A los pequeños los educaba el servicio durante las largas ausencias del barón; este, por su parte, lo único que les exigía a sus hijos era no dar mucho mal mientras estaba en casa y que se comportasen cuando tenía fiestas o invitados. Era padre sólo para las grandes ocasiones, aquellas donde pudiese impresionar con su honda preocupación o donde pareciera un impresionante cabeza de familia.

EJEMPLO PARA COMPARAR: Pío baroja. El árbol de la ciencia. Primera parte, capítulo 3.

Opinión: Pío baroja consigue dar una descripción del personaje que comienza con la opinión de su hija y acaba retratándonos a "Don Pedro Hurtado" de una manera bastante extensa y entretenida. El personaje queda mucho mejor descrito que mi "Barón de Fill"


2. Hacer una descripción directa (de 15 a 25 líneas) de una mujer vieja, gorda, pobre, que ha tenido una vida muy difícil.

Cuando Adela colgó el teléfono tenía los ojos húmedos. Sabía que aquella había sido la última conversación que tenía con su hermano; la misma enfermera no creía que pasase de esa noche.


Estuvo un rato quieta, mirando la lluvia chocar contra la ventana. Un geranio sin flor, que nunca crecería mucho en la oscuridad de aquel patio interior, resistía impasible el insistente chaparrón de marzo. Adela se preguntó porque coño nunca acababa de llegar la primavera a su vida.

Lo de su hermano la había dejado derrotada. Tenía ganas de chillar y correr, de coger un autobús y cruzar los kilómetros que los separaban para pasar con él las últimas horas.

Pero los años habían amordazado su voz y devorado sus rodillas con la artrosis. Y si con la pensión de viudedad apenas le llegaba para mantener iluminado aquel frío piso, mucho menos para costearse un viaje hasta Madrid.

Sentada, lloró gruesas lágrimas de impotencia mientras apretaba los dientes. Se secó la cara con su mano, gordota y cuarteada por la lejía, y se levantó con esfuerzo de la silla.

Mientras caminaba., pasito a pasito, hacia la cocina, pensó que lo mejor era aceptar lo antes posible la nueva situación. Era lo que siempre había hecho. Pero antes tenía a su hermano cuando flaqueaba y se le venía el mundo encima. Siempre lo había tenido, desde niños en la pobre casucha del pueblo.

Cuando se echó de novio a aquel militar que se marchó para no volver, su hermano había estado ahí. Cuando padre la llevó a la curandera para que abortase, su hermano no se separó de ella hasta que se repuso.

Incluso cuando ella se casó con Damián y su hermano se fue con su mujer a Madrid, ellos siguieron juntos: cartas, llamadas, visitas en verano… la ausencia sólo hacía más intenso el reencuentro.

Pero ahora su hermano se había ido para siempre. Ojalá hubiera sido Damian el del cáncer y su hermano el de la aventura con la peluquera. A veces parecía que Dios le quisiera gastar una broma pesada que ella no era capaz de coger.

Al abrir la puerta de esmerilado, Adela notó que le faltaba el aire y que se mareaba. “Los nervios, seguro”, se dijo. Abrió el armarito encima de los fogones y tanteó buscando la caja con las infusiones.

Y en ese instante, simplemente, se desvaneció en el aire.

EJEMPLO PARA COMPARAR: Benito Pérez Galdós. ortunata y Jacinta. Capítulo IX, apartado 2.

Opinión: Me corto las venas. Nunca lo conseguiré (Piteas cae derrumbado sobre el teclado). Vale que me estoy coparando con uno de los gordos, pero es que aspiro a algo mas que guionizar musicales otakus, ostias.


OPINION FINAL: Parece que soy incapaz de hacer una descripción directa sin comenzar a contar la historia. Como si la trama me quemase en las manos o detenerme en un sólo personaje me resultase aburrido.

El no describirlos no me parece necesariamente mal, hay muchos autores a los que admito que van explicando los personajes a lo largo de los cuentos y novelas. Y tambien hay otros tanto que ni siquieran los explican porque no es importante. Y ni entro ne los cuentos, en los que una descripción te roba la intensidad o te machaca la gracia.

Pero lo importante de  esto no es hacerl osiempre y a partir de ahora, sin oque pueda hacerlo cuando lo considere necesario.

¿Moraleja? A leerme Benito Pérez Galdós. De los dos autores es el que más me ha gustado -de lejos- y no me vendrá mal empaparme (por una vez) de un clásico. Ya os contaré